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La cartografía social como recurso....

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LA CARTOGRAFÍA SOCIAL COMO RECURSO METODOLÓGICO EN LOS PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN TERRITORIAL

“Las virtudes de esta metodología resultan comprensibles desde la semiótica: Hacer mapas colectivamente provoca que el territorio, componente primario, implícito inconsciente de la vida social, pueda ser nombrado, verbalizado y comunicado a nivel figurativo, semántico y simbólico y los procesos de enunciación son procesos de constitución de sujetos; el sujeto se enseña en la retórica convencional: no enuncia, repite, porque la retórica se usa para convencer no para descifrar; la cartografía produce un discurso inédito al establecer una nueva manera de vincular unas cosas con otras; esta versión inédita de la realidad genera una nueva sintaxis, la sintaxis del territorio como escritura para descifrar, como texto que hay que saber leer, lectura que exige usar un lenguaje que nos descifra, que nos conforma” (Fundación la Minga).
La Cartografía Social: Su concepción y enfoque

La noción de territorio ha sido concebida históricamente de maneras distintas, usualmente ha sido abordado y trabajado  como referente espacio-temporal en el que el espacio era entendido como algo estático, desligado de las relaciones allí acontecidas y despojado de vitalidad; el sentido dinámico del territorio en cambio, se le atribuía a la noción de tiempo, despojando así el concepto de espacio geográfico de su esencia fundamental: Un sistema de relaciones cambiantes entre los múltiples elementos que lo conforman y en el que los seres humanos somos uno más en la estructura de ese orden sistémico.
    
Hay quien dice que los humanos somos seres geográficos en tanto transformamos un entorno natural para hacerlo habitable, y al hacerlo, somos transformados por esa acción y por los efectos que ese espacio transformado genera en nosotros. Si bien a veces estos efectos y acciones se expresan en condiciones conflictivas del entorno socio-ambiental, en otras se hacen explícitas formas de resistencia que otorgan sentido a nuevas formas de construcción territorial, como resultado de la vivencia cotidiana y de las relaciones políticas y organizativas que se manifiestan en contextos determinados. Esta noción de territorio que nos involucra, nos visibiliza como parte de ese sistema de relaciones, y se nutre con elementos inherentes a lo humano como los afectos, las vivencias, imaginarios y la tradición, nos obliga a cuestionar entonces nuestro papel y nuestra capacidad transformadora sobre esa realidad territorial.  

En el caso de los actores urbanos populares, el saber está atravesado por la  práctica y vivencia cotidiana, es decir, que no se fundamenta necesariamente en la disciplina académica formal, ni el reconocimiento social derivado del status académico, sino en la concepción práctica y simbólica sobre lo público y lo privado, en las relaciones que en éstos dos ámbitos se gestan, siendo definidas por la capacidad de liderar experiencias organizativas autónomas, o por su capacidad de incidir en el ejercicio político; dinámica que va configurando procesos de territorialización.

El pensamiento relacional, también llamado pensamiento complejo, se fundamenta en la concepción sistémica de la realidad. No somos elementos aislados entre sí, al contrario, debemos hacer conciente el hecho de que cada acto que hacemos tiene una consecuencia sobre el entorno.

La Cartografía social para el  reconocimiento de saberes y la construcción colectiva de conocimiento.

La metodología de cartografía social parte de la base de que todos tenemos un saber por compartir y por aportar en los procesos de construcción social de conocimiento en torno a  las realidades territoriales, y por lo tanto, en los procesos de planeación de un desarrollo humano y territorial que se corresponda con lo que implica crear condiciones para el bienestar social y la calidad del hábitat urbano-regional. Construir ciudad desde los intereses y necesidades de los actores locales se constituye en un reto en un contexto en el que la visión y planificación del desarrollo se ha vuelto asunto exclusivo del aparato gubernamental, que al defender claramente intereses hegemónicos de empresarios, ha diseñado políticas de participación inefectivas, en términos de que la gente propone y aporta su saber pero no tiene opción alguna en la toma de decisiones.

La Cartografía Social (CS) parte de las subjetividades individuales para colectivizar los saberes y construir consensos y complementariedad de las visiones territoriales. Así como el trabajo etnográfico, la CS privilegia la cotidianidad como esencia vital que da significaciones  al habitar,  otorgando sentidos al territorio más allá de sus usos y características físicas.  La riqueza de la metodología consiste en provocar la conversación y el intercambio de pensamientos, que mientras se representan gráficamente van expresando la complejidad relacional entre dimensiones históricas, culturales, económicas y ecológicas, implicando los diversos actores sociales en esos campos de relación para visibilizar su nivel de  implicación.

Esta metodología se propone abrir un escenario que permita la construcción de  conocimiento colectivo para, a partir de allí, posibilitar una acción transformadora de ese territorio.  El ejercicio de dibujar la realidad permite poner en un mismo lenguaje saberes, imaginarios y deseos subjetivos, que al socializarse a través de la conversación y la representación ( que es el dibujo de los mapas), se retroalimentan y se hacen concientes, de manera que las múltiples versiones, miradas y formas de comprender el mundo se encuentran y generan consensos.

Esta metodología tiene un carácter participativo, se nutre de la cotidianidad y hace explícitos tres elementos fundamentales para proyectar el desarrollo territorial: Información, pensamiento y conocimiento. La visibilización del papel que juega cada uno de los participantes en la construcción social del territorio, arroja claridades en torno a la corresponsabilidad de individuos y organizaciones en la configuración de sus realidades. El manejo del lenguaje gráfico y el sentido colectivo del ejercicio permite complementar nociones y construir consensos frente a una realidad vivida y una realidad deseada en la que se visibilizan las apuestas individuales y de grupo, a la vez que estas acciones y pensamientos cualifican su sentido político, proyectando acciones desde el conocimiento del territorio en su conjunto y el reconocimiento de cada actor en ese territorio. Es desde allí que se proyectan tanto las individualidades como los proyectos comunes.

Aproximarse al territorio desde la CS es abordar las relaciones y los imaginarios sobre la institucionalidad, los actores comunitarios, las organizaciones y los individuos a la luz de los referentes espaciales. Permite evidenciar el papel de cada uno de ellos en la construcción social del territorio, el ordenamiento territorial, y  las relaciones de poder en los espacios territorializados. Se abordan así  problemáticas y potencialidades de estas relaciones entre los actores, así como entre éstos y su contexto geográfico mediato e inmediato.  Se contrastan las versiones técnicas con las vividas, reconociendo los espacios vitales como un producto social en el que la relación primaria es la que se da entre la población y la naturaleza.

Indudablemente la metodología de Cartografía Social se complementa con otras expresiones de la Investigación-Acción-Participación (IAP), de hecho comparte sus mismos principios en los que se subvierte la relación entre el “investigador” y su “objeto de estudio”, de manera que los otros se asumen y son asumidos como parte del proceso, sea éste de investigación o planificación. Esta metodología puede ser útil para diferentes fines, por un lado, la planificación del desarrollo  territorial deseado y acorde con los intereses compartidos identificados por la comunidad; por otro lado puede usarse para construir diagnósticos en múltiples escalas (barrial, sectorial, local, regional), para construir planes de vida y/o lecturas críticas y prospectivas de las realidades sociales.

La territorialidad se refiere tanto al grado de dominio como de aproximación que tienen los sujetos individuales y colectivos en el contexto territorial, es decir su posición en las relaciones de poder. Aquí es necesario tener presente la interdependencia de lo local, lo regional y lo global, relación que no es explícita ni resulta ser lo suficientemente valorada a la hora de consolidar la planificación del desarrollo, ya sea porque se desdibuja la esencia vital de los contextos locales o porque lo local nos abarca hasta el punto de no lograr hacer una mirada de conjunto sobre el contexto global y las lógicas que  condicionan desde allí nuestra cotidianidad.

La Cartografía Social: ¿Cómo se hace?

“En términos prácticos, el ejercicio de elaborar mapas no es otra cosa que dibujar la realidad, empezando por lo más simple para, poco a poco ir creando un campo estructurado de relaciones que posibilita la traducción, a un mismo lenguaje, de todas las distintas versiones de la realidad que empiezan a ser subjetivamente compartidas”.

Grupos Intergeneracionales.

Generar la reflexión intergeneracional para abordar, por ejemplo, los cambios del territorio en el tiempo; para entender las causas de sus transformaciones y los diferentes significados que adquiere el territorio en relación con los grupos etáreos y su papel en la construcción social de un territorio específico, sea su escala barrial, local, sectorial o regional. La vivencia barrial es distinta para los niños, los jóvenes, lo adultos y los viejos; por ello hacer un ejercicio conjunto hace posible develar la multiplicidad de visiones sobre un mismo contexto territorial.

Grupos multisectoriales.

A otro nivel no menos importante, hacer la cartografía vinculando a las autoridades que piensan y proyectan el desarrollo urbano facilita el llegar a compaginar los lenguajes técnicos con los lenguajes cotidianos, los lenguajes de la planificación con los lenguajes de la acción cotidiana; permite llegar a consensos básicos y reconocer en sus diferencias e intereses los saberes populares y las lógicas institucionales, para la interpretación compartida de realidades y la planificación de un desarrollo más acorde con los intereses y necesidades de la multiplicidad de los sujetos urbanos. ¿Es posible pensar que proponerse hacer la cartografía social con las autoridades nos permitiría comprender mejor las lógicas y sus posiciones que asumen en ese juego que va definiendo prospectivamente los territorios para construir con más elementos estrategias alternativas?
 
Grupos mixtos o grupos diferenciados por sexo.

Dado que puede haber formas diferenciadas de apropiación de las dinámicas comunitarias y la implicación en los escenarios de participación, de construcción de lo público y en general de las formas de vivenciar la ciudad, puede ser útil incorporar la perspectiva de género en la elaboración de los mapas sociales.


 Elementos a tener en cuenta para el ejercicio.
Operativamente, es importante que los mapas sean elaborados sobre el piso, o sobre una mesa alrededor de la cual se ubican los participantes del taller. Esta disposición de los mapas  propicia el diálogo horizontal, la organización del espacio de trabajo responde a una lógica de relación favorable al intercambio, invitando a la conversación. Usualmente estamos sentados como parte de un auditorio en el que una sola persona adquiere toda la importancia y la atención de un “público” que participa haciendo preguntas. Aquí éste orden cambia, para que todos tengan la misma importancia dentro del ejercicio, de manera que los protagonismos son colectivos.

Los gestores de esta metodología hacen una analogía en la que se equipara ésta con las “Mingas”, acciones solidarias y colectivas que se rigen desde el principio de cooperación, se basa en esfuerzos de agrupación comunitaria, familiar que favorecen en la práctica un interés colectivo; consiste en que hombres, mujeres y niños aportan materiales, mano de obra, comida, y en general todo lo necesario para dar solución a una necesidad sentida y deseada por el colectivo.  Retomando este espíritu, han denominado los talleres de Cartografía Social como “mingas de pensamiento”.     

El orientador juega un papel de provocador, sin llegar a direccionar las múltiples formas de expresión, suscita el despliegue creativo de los saberes, relaciones y concepciones de vida. La importancia del orientador radica en la preparación misma del taller, no tanto en su desarrollo. Es decir, que previamente el orientador debe recoger los insumos cartográficos a utilizar, en las escalas precisas que se van a trabajar, y preparar las guías del taller de acuerdo al objetivo que se busque. Estas guías consisten en formular las preguntas pertinentes sobre las que se hará el ejercicio, de acuerdo al interés que se tenga, desde donde se define el énfasis de las preguntas. Este aspecto es fundamental, ya que la información no está objetivamente en la realidad, hay un observador que le da un carácter subjetivo, y es quien define qué es lo que requiere mirar, es decir que se mira con una intencionalidad.
 
En la medida en que los saberes subjetivos se socializan y complementan entre sí, se legitiman. El conocimiento del territorio en éste caso, reconoce la vivencia como punto de partida para develar el territorio; es a partir de quienes lo habitan, que se construye su significación. Así como los sujetos somos seres con historia, el territorio también la tiene, de manera que esta historia se expresa en su configuración actual, su devenir está ligado al devenir de la vida social en la que están comprometidos los sistemas bióticos y abióticos que conforman el espacio social. La consolidación de poderes transformadores parte de recoger, reconocer y construir lenguajes comunes para concertar propuestas de incidencia en la planificación del desarrollo como forma de construir territorialidad, pertenencia y apropiación del espacio social. Ganar comprensión de las relaciones más allá de los límites político-administrativos, permite dimensionar los territorios locales y regionales a partir del reconocimiento de sus dinámicas, y replantear estos límites usualmente arbitrarios.

Se hace necesario hacer cuatro mapas diferentes, ya que en uno solo no es posible plasmar toda la información. Se sugiere dar comienzo con el mapa de población-naturaleza, donde se ubican además de los referentes ecosistémicos, los recursos y las actividades de producción, que se traduce en la relación población-capital.  De esta manera se obtiene un mapa económico-ecológico.  En otro mapa se ubican la infraestructura productiva, reproductiva y de servicios, es decir, carreteras, caminos, puentes, escuelas, iglesias, basureros, redes eléctricas, parques, etc.

En un tercer mapa se dibujarían las relaciones sociales y culturales de la población, identificando actores y escenarios.  Por último, en el cuarto mapa se representarían los conflictos, riesgos, vulnerabilidades y potencialidades.  Este ejercicio puede hacerse en grupos, de manera que se trabajen los mapas simultáneamente (uno por grupo). Es importante que cada grupo escoja un moderador y un relator, que garanticen que la información que no se exprese en los mapas, o la profundización de alguno de los temas tratados quede registrada en la relatoría, como aporte a la posterior sistematización ésta entendida como la racionalización juiciosa de los elementos, la construcción de categorías y variables que permiten organizar la información, identificando ejes de análisis y énfasis de los relatos.

Mapas de Pasado, presente y Futuro.

Con la intención de hacer visibles las tendencias de las condiciones identificadas, y para ganar una mirada comprensiva de los procesos históricos que definen las realidades territoriales, se elaboran mapas de pasado, presente  y futuro, de tal forma que al final se obtiene una “fotografía” de la realidad actual, su situación pasada, y el futuro deseado, que supone incorporar expectativas y deseos de las comunidades involucradas.

A su vez, los mapas de futuro permiten ganar una visión prospectiva, ya que es allí donde se reúnen los intereses comunes, los consensos se crean desde sueños que se comparten.  Estando en este punto, el cruce entre el ejercicio de priorización de conflictos y potencialidades, ubicando las capacidades organizativas de las comunidades, sus posibilidades de posicionamiento y de influir en la política pública; permitirán decantar ese futuro deseado y traducirlo en un futuro posible, mediado por la construcción de estrategias que apunten  al objetivo. Una vez elaborados los mapas, se hace el ejercicio de relacionarlos entre sí, es decir, ganar una mirada integral del territorio, con sus actores, relaciones y escenarios.  

La cartografía social nos aleja la idea de la objetividad, aquello que no toma partido, aquello que no se “unta” de mortales comunes y corrientes. Nos invita a dejar fluir el saber al lado de la emocionalidad, el conocimiento al lado del afecto, la racionalidad al lado de las experiencias vivenciales.  En el fondo, a lo que nos invita es a ser sujetos transformadores de nuestras realidades, a hacer valer formas alternativas de construcción de poder, y conocimiento.